sábado 29 de noviembre de 2008

¿QUÉ ES LA METACOGNICIÓN? DESDE UNA PERSPECTIVA VIGOTSKIANA


En su sentido más general, la metacognición hace referencia al proceso de autoevaluación de la propia vida interna para autoconocer sus potencialidades y sus deficiencias y en base a ese conocimiento actuar en consecuencia. La moderna psicología cognitiva la define como la capacidad de autoanalizar y valorar sus propios procesos y productos cognitivos con el propósito de hacerlos más eficientes en situaciones de aprendizaje y resolución de problemas (Flavell, 1993). Etimológicamente, metacognición significa “conocimiento sobre el conocimiento” y hace referencia a un plano de conciencia paralela que es “meta”, es decir, suspendida por encima de la actividad mental con el propósito de planificar, supervisar y evaluar las estrategias empleadas al momento de aprender y/o ejecutar una tarea cognitiva.

El vocablo “metacognición” fue creado por John Flavell en los años 70 para hacer referencia a la “conciencia reflexiva” e introducirla en la moderna psicología cognitiva, pues, los conceptos mentalistas habían sido rechazados por el conductismo, escuela que dominó la psicología desde los años 20 hasta los 60 del siglo XX. Sin embargo, el concepto de la metacognición tiene su antecedente en la teoría de la autorregulación del pensamiento mediante el habla de Lev S. Vigotsky (Rivière, 1996). Debe entenderse que la habilidad metacognitiva se desarrolla mediante un procedimiento de interrogación introspectiva y/o retrospectiva (analizar sus experiencias pasadas) a fin de seleccionar la estrategia o método de solución de una tarea cognitiva. Vigotsky (1979) afirmaba: “Al formular una pregunta, el niño indica que, de hecho, ya ha trazado un plan para resolver la tarea que se haya frente a él, pero es incapaz de realizar todas las operaciones necesarias (...) al mismo tiempo, consigue la ayuda de otra persona“. Es decir, aquel que reflexiona y descubre qué es lo que sabe y qué es lo que no, tiene mayores posibilidades de seguir avanzando en el aprendizaje, pues, con este conocimiento el aprendiz metacognitivo buscará la ayuda oportuna para mejorar sus capacidades deficientes.


El mecanismo básico de la metacognición no es ningún misterio, es la introspección mediante el lenguaje oral y escrito. La reflexión instrospectiva es posible mediante el habla autodirigida; así, nos autoinformarnos de nuestros procesos mentales y organizamos de manera efectiva nuestras representaciones mentales o conocimientos. Sólo la mente humana tiene naturaleza metacognitiva debido a su origen social, tal como afirmara Lev Vigotsky: “la conciencia es el encuentro social consigo mismo”. Es decir, el origen y desarrollo de la metacognición es producto de la internalización del habla que utilizamos en la comunicación social con nuestros semejantes. Esa “voz de la conciencia”, que todos poseemos, es el habla internalizada que asume funciones de organización de nuestros procesos mentales, planificación y regulación de nuestro comportamiento para fines de adaptación a las cambiantes circunstancias del medio.



La conducta autorregulada se define como la capacidad que el individuo posee para proyectar, orientar y supervisar su conducta desde el interior y adaptarse a las circunstancias. Este nivel interno, mental, de regulación se desarrolla cuando el habla egocéntrica de los niños se internaliza transformándose en habla interna, es decir para uno mismo. Este proceso ocurre hacia el final de la segunda infancia (5 – 7 años de edad aproximadamente) y es la clave para entender la toma de conciencia y la reflexión. Vigotsky señala que el habla interna es una especie de “borrador mental“ que sirve de mediador cognitivo entre el pensamiento y el habla externa. Así, el habla autodirigida faculta el uso activo de estrategias de mediación verbal que regulan la mente y hacen que el aprendizaje humano sea un proceso psicológico y social a la vez.

La base material de la metacognición son los lóbulos frontales del cerebro, responsables de la programación, regulación y verificación de la actividad mental (Luria, 1974; Gardner, 1995; Frawley, 1999). Sin embargo, es necesario advertir que el desarrollo de las habilidades metacognitivas como instrumento intelectual no es automático porque no depende sólo de la maduración del cerebro sino más bien del contexto cultural (se aprende como cualquier otro conocimiento). Es la escolarización la que debe crear oportunidades para ejercitar fehacientemente la metacognición de lo contrario se retrasará o anulará su aparición. La pedagogía moderna da gran importancia a la interacción social profesor-alumno (véase el acápite 2.6.) y cómo se lleva a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje en el aula porque es el motor de desarrollo de la reflexión introspectiva. Veamos evidencias de lo contrario en el siguiente ejemplo.

Quien ha tenido la oportunidad de observar de cerca a los “niños de la calle” (antes conocidos como “pájaros fruteros”, hoy “pirañitas”) comprobará que su desarrollo intelectual no es un proceso uniforme sino un dramático zigzag de habilidades con disparidades a veces asombrosas. Estos niños, por adaptación al ambiente agresivo de la calle, desarrollan capacidades que no son, obviamente, valoradas en contextos escolares: son avispados para bromear, elaborar estrategias de engaño y defensa, habilidades corporales, muestran pericia en juegos y actividades como los naipes, fulbito, baile, canto, etc. Es decir, son muy inteligentes para sobrevivir en las condiciones adversas de la calle. Sin embargo, sufren de “retraso mental sociocultural“ para resolver las tareas escolares, pues, se les hace muy difícil pensar en contenidos abstractos de manera eficiente y autónoma, por esa razón fracasan en la lectoescritura y cálculo.

Es oportuno mencionar que este tipo de retraso del desarrollo es reversible si se interviene socialmente a tiempo con buena nutrición y educación tal como se hace en las “casas estancia“ del INABIF. Es evidente que los niños y adolescentes que no asisten a la escuela no fomentan una clase de habilidades intelectuales que podemos denominar “metacognitivas“, las cuales se usan para pensar, reflexionar y afrontar actividades cognitivas de mayor abstracción. Por eso, es que nadie debiera de carecer de contextos de socialización sociofamiliar y escolar porque realmente el desarrollo intelectual no es un proceso unitario sino un desarrollo por componentes entrenados en contextos específicos, siendo el más importante la escuela.